Entre ayeres y heridas
guardo un sueño que algún día será
el motor de la vida,
el dolor que se va,
la lágrima que nunca volverá
a manchar los sonrojos
que pintan mis segundos con las ganas
de mirarte a los ojos
para ver las mañanas
hasta que tus cabellos pinten canas
más allá del final.
Entre ayeres y heridas yo aún sueño
conque el destino astral
escriba ser tu dueño,
que merecen la pena los empeños
de nunca abandonar
el camino que puede ser posible
para que se abra el mar
y no sea imposible
perderme en tu mirada irresistible.

Aquí comienza el camino de nuevo. El presente avanza aunque yo no lo sienta y los días se consumen con la misma celeridad. Propuse recuperar los albores de los sonidos y no me considero un traídor. Así que, desafiando a todas las debilidades y deseos de desistir durante el tiempo necesario, y absorbiendo el dolor natural, doy el primer paso. Mi agradecimento infinito a quienes me siguen acompañando y desde el cielo estoy oyendo un aplauso.
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