¿Sentiste alguna vez la herida fría
que se calma al estar entre tus brazos?
Conocerla hace más fuertes los lazos,
más cierto el infortunio que sería
no haber oído la palabrería
que se esfuma en la paz de tus abrazos.
Y en tus brazos voy uniendo los pedazos
de la calma que me ha salvado el día
de morir sin saber de la fortuna
de escucharte decir que me he dejado
el cepillo de dientes olvidado
y que soy un desastre sin vacuna.
Lo dices, sonríes y tu mundo
me abraza y en tu voz es más profundo.

Aquí comienza el camino de nuevo. El presente avanza aunque yo no lo sienta y los días se consumen con la misma celeridad. Propuse recuperar los albores de los sonidos y no me considero un traídor. Así que, desafiando a todas las debilidades y deseos de desistir durante el tiempo necesario, y absorbiendo el dolor natural, doy el primer paso. Mi agradecimento infinito a quienes me siguen acompañando y desde el cielo estoy oyendo un aplauso.
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