El humo del incienso
son corazones rotos en la brisa
cuando te sueño y pienso
que tu alma se desliza
y a otros ojos regalas tu sonrisa.
Hoy vuela mi recuerdo
en el amanecer aguamarina
y en su dolor me pierdo
porque esto se termina
y sólo hay una silla en la cocina
que pierde su color.
Corazón de humo sin nada que lo asombre,
hoy sólo soy dolor,
pasado de pronombre
que persigue las letras de tu nombre.

Aquí comienza el camino de nuevo. El presente avanza aunque yo no lo sienta y los días se consumen con la misma celeridad. Propuse recuperar los albores de los sonidos y no me considero un traídor. Así que, desafiando a todas las debilidades y deseos de desistir durante el tiempo necesario, y absorbiendo el dolor natural, doy el primer paso. Mi agradecimento infinito a quienes me siguen acompañando y desde el cielo estoy oyendo un aplauso.
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