La luz de la Navidad
está brillando en tus cara
y yo me siento a tu lado
y te acaricio la espalda
mientras me cuentas tu día
con esa voz que me encanta.
Cuando terminas, te abrazo
y puedo sentir la magia
si me acaricia tu piel
y tu silencio me abraza
como la melodía dulce
que te enamora callada.
Sólo basta contemplarte
para que se encienda el alma
con todos esos colores
de las estrellas que viajan
concediendo los deseos
del que al mirarlas se para.
Si te veo sonreír
no me salen las palabras
para decir lo bonita
que reluce tu mirada
y ese es el mayor regalo,
poder mirarte descalza
deslizándote en el aire
al buscar un vaso de agua.
A las estrellas que pasaron
les supliqué en una carta,
vivir todo esto a tu lado
y no lo cambio por nada

Aquí comienza el camino de nuevo. El presente avanza aunque yo no lo sienta y los días se consumen con la misma celeridad. Propuse recuperar los albores de los sonidos y no me considero un traídor. Así que, desafiando a todas las debilidades y deseos de desistir durante el tiempo necesario, y absorbiendo el dolor natural, doy el primer paso. Mi agradecimento infinito a quienes me siguen acompañando y desde el cielo estoy oyendo un aplauso.
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