Andaría cien kilómetros
para mirarte un minuto,
para creer en los ángeles
y en magia del conjuro
que se ha escapado del cielo
para derramar embrujo
e inspiración sin motivos
que percibo cuando cruzo
la frontera de los sueños
de un mundo mucho más puro.
Eres una bendición,
un lucero tan profundo,
que te enseñan los caminos
cuando has perdido el rumbo
y no sabes qué escribir,
y te pierdes en lo oscuro
de los mundos sin ideas
donde no vibra el susurro
de tu mundo de palabras
que es un rayo de luz puro.
Tu mundo, esencia y pureza,
vientos llenos del murmullo
de los ríos de la noche
cuando tu hechizo profundo
llena el átomo de magia
y el verso dice, seguro
que se van todas las dudas
y ahora ya de nada dudo,
en tu mundo sin maldades
de pureza tan desnudo,
que la calma se respira
y por fuerza y es lo justo
encontrarse en el lugar
y estar loco por tu mundo.

Aquí comienza el camino de nuevo. El presente avanza aunque yo no lo sienta y los días se consumen con la misma celeridad. Propuse recuperar los albores de los sonidos y no me considero un traídor. Así que, desafiando a todas las debilidades y deseos de desistir durante el tiempo necesario, y absorbiendo el dolor natural, doy el primer paso. Mi agradecimento infinito a quienes me siguen acompañando y desde el cielo estoy oyendo un aplauso.
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